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Politica por : Héctor Albarracin R.
Las urnas han hablado con contundencia en la región imperial del Cusco.
Con un respaldo popular que la ubica en el primer lugar de las preferencias para el Gobierno Regional —superando el umbral necesario para perfilarse como la virtual gobernadora en primera vuelta bajo la alianza Venceremos—, Verónika Mendoza se ha convertido en la expresión democrática de la esperanza y la dignidad andina.
Sin embargo, fiel a una larga tradición de resistencia política, el triunfo legítimo de la izquierda democrática en los Andes surianos vuelve a encender las alarmas de los sectores conservadores y de poder centralizado, quienes desde ya buscan poner piedras en el camino para entorpecer su mandato.
El respaldo ciudadano y el fantasma de la desestabilización
Los datos del conteo oficial de la ONPE y los sondeos iniciales no dejan lugar a dudas: el pueblo cusqueño apostó por un cambio con rostro social, priorizando una agenda enfocada en el cierre de brechas, la dignidad de las comunidades y una gestión transparente de los recursos de una de las regiones más importantes del país.
No obstante, apenas consolidada la tendencia, los artificios legales y los cuestionamientos bajo sombra no se han hecho esperar. Analistas afines a los intereses tradicionales ya agitan escenarios de tensión, buscando tejer dudas administrativas y técnico-electorales —como la discusión en torno a la anulación de votos o recursos presentados por contendores políticos— con el claro objetivo de vaciar de legitimidad la victoria de Mendoza y desgastar su gestión antes siquiera de que asuma el cargo.
Cusco no es un botín: La disputa por la soberanía regional
Históricamente, el Cusco ha manejado importantes recursos provenientes del canon gasífero y minero. Para los poderes fácticos de Lima y las facciones políticas derrotadas en las urnas, la región ha sido tratada en más de una ocasión como un botín económico antes que como una tierra de ciudadanos con derechos plenos.
La llegada de Verónika Mendoza al sillón regional representa una ruptura con esa lógica mercantilista de la política. Por ello, las trabas que intentan colocar en su camino no son más que coletazos de un centralismo temeroso de que un gobierno regional progresista demuestre que otra forma de administrar los recursos públicos —con honestidad, de cara al pueblo y priorizando el desarrollo social— es completamente posible.
Defender la democracia en los Andes
Intentar entrampar la elección de Mendoza mediante leguleyos o campañas de deslegitimación sistemática es una falta de respeto al voto soberano de miles de cusqueños que exigen obras, salud, educación y dignidad. La democracia no solo se trata de aceptar los resultados cuando favorecen a los grupos de siempre, sino de respetar irrestrictamente la decisión mayoritaria de las regiones.
El pueblo del Cusco ha demostrado madurez política y memoria histórica. Hoy más que nunca, la vigilancia ciudadana y la unidad regional son indispensables para blindar este triunfo histórico.
Las piedras que intenten colocar en el camino de Verónika Mendoza no solo buscan frenar a una lideresa política, sino fracturar la esperanza de un pueblo que decidió escribir, por fin, su propio destino.
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