Drones y misiles de bajo costo se perfilan como una ventaja decisiva en los conflictos armados, obligando a EE.UU. a replantear su estrategia militar, sostiene un
La expansión de los drones de ataque y los misiles de precisión está poniendo a prueba uno de los pilares históricos del poder militar estadounidense.
Tras décadas de superioridad tecnológica, los recientes enfrentamientos en Oriente Medio han revelado que el Pentágono todavía no está plenamente preparado para afrontar un escenario en el que ciertas armas relativamente baratas pueden desafiar a algunos de los sistemas defensivos más sofisticados y costosos del mundo.
Las dificultades comenzaron a hacerse evidentes durante la campaña contra los hutíes yemeníes en el mar Rojo, indica Ramon Marks, experto en asuntos de seguridad nacional, en un artículo para The National Interest.
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Aunque Estados Unidos desplegó importantes recursos navales y aéreos para proteger las rutas marítimas, los ataques con drones y misiles continuaron durante meses. Pese a la tregua alcanzada posteriormente, el tráfico comercial por la zona nunca recuperó los niveles previos al conflicto y muchas navieras siguieron evitando la ruta debido a los elevados riesgos y al aumento de las primas de los seguros.
Un escenario similar se está desarrollando ahora en torno al estrecho de Ormuz, sostiene Marks, y advierte que si Washington no logra hacer frente a Irán en esa materia, podría afrontar graves «consecuencias negativas».
Más allá del impacto económico, esta situación reforzaría la idea de que pequeñas y medianas potencias regionales, equipadas con drones y misiles convencionales, son capaces de desafiar la libertad de maniobra de la mayor potencia militar del mundo en puntos claves del comercio internacional, razona.
