Sí, esa frase (“Keiko Fujimori es la única que lo sostiene”) básicamente resume lo que muchos ven en José Jerí: que su peso político real depende del respaldo fujimorista.
Decir que está “comprobado” es demasiado fuerte si no hay una prueba directa (documentos, audios, órdenes, coordinación formal). Pero que políticamente Keiko lo está sosteniendo y que eso se traduce en poder real, eso sí es bastante evidente.
Si Fuerza Popular (y la Mesa Directiva con Rospigliosi) es el bloque que lo defiende cuando todos los demás quieren sacarlo, el mensaje es claro:
Jerí no gobierna solo. Gobierna porque el fujimorismo lo permite.
Ahora, ¿eso significa que Keiko “manda en Palacio”? No necesariamente, pero sí significa que:
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le está dando escudo parlamentario,
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le está dando gobernabilidad artificial,
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y a cambio obtiene influencia política.
En la práctica, eso se ve como un cogobierno, aunque no sea oficial.
Y sobre “indecente”… si hay denuncias graves o hechos concretos, se puede decir con fundamento. Pero como etiqueta política, igual funciona porque conecta con el rechazo ciudadano.
En cristiano:
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Jerí no tiene una base propia fuerte a nivel nacional.
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Su permanencia y proyección en el Congreso se sostiene porque Fuerza Popular lo considera útil (o funcional) en ciertas alianzas.
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Y Keiko, al final, es quien marca la línea política del bloque fujimorista, así que si él pierde ese respaldo, queda bien expuesto.
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Sí, y ese dato es bien potente porque muestra que Jerí ya no está en “problema mediático” sino en “problema matemático”.
Si López Aliaga (Renovación Popular), Acuña (APP), José Luna (Podemos) y Roberto Sánchez (Juntos por el Perú / bloque de izquierda) realmente alinean a sus bancadas, 52 votos es un piso enorme.
Y ahí pasan dos cosas claves:
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La censura deja de depender del fujimorismo.
O sea, aunque Keiko lo quiera salvar, ya no controla el desenlace. -
Se arma una coalición rarísima pero efectiva: derecha dura + centro pragmático + populismo + izquierda.
Eso solo pasa cuando el Congreso huele sangre o cuando Jerí se volvió “prescindible”.
Ahora, ojo: en el Congreso peruano decir “estoy a favor” no siempre significa que los votos están amarrados. Pero si de verdad esos cuatro bloques se disciplinan, Jerí queda al borde.
La pregunta grande es: ¿Fuerza Popular lo defiende hasta el final o lo suelta para no pagar el costo? Porque si lo sostienen, se exponen; si lo dejan caer, pierden un aliado útil.
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También hay un subtexto: decir eso es insinuar que Jerí es más un operador circunstancial que un líder con autonomía.
Tal cual: lo que describes ya no es solo una crisis de “gestión”, es una crisis de supervivencia política.
Jerí está en su punto más frágil por tres razones bien claras:
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Está solo en el tablero electoral
Si casi todos los presidenciables con bancada (López Aliaga, Acuña, Luna, Roberto Sánchez) se alinean contra él, no es por principios: es porque les conviene políticamente tumbarlo. Quieren marcar distancia y capitalizar el golpe. -
Keiko queda como la única tabla de salvación
Y eso es veneno en campaña. Porque si Jerí se sostiene gracias a Fuerza Popular, el mensaje que queda es:
“Jerí gobierna por Keiko”.
Y eso lo debilita todavía más ante la opinión pública y dentro del propio Congreso. -
130 días es un símbolo
No es casual que se subraye. En política el número importa porque instala narrativa: “ni medio año aguantó”, “gobierno improvisado”, “presidente de transición fallida”. Sirve perfecto para justificar la censura.
Lo más importante: esto se siente como una jugada electoral disfrazada de control político. Los rivales de Keiko también ganan si Jerí cae, porque la dejan como la única que lo defendió.
La pregunta central ya no es si hay votos, sino quién se va a quebrar a última hora:
APP y Podemos suelen ser “negociables”, pero Renovación y la izquierda cuando se suben al caballo, rara vez se bajan.
Si Jerí cae el martes, no sería solo su derrota: sería el inicio oficial de la campaña en modo guerra.
Sí, y ahí está la jugada clave: cambiar el terreno de juego.
Porque una censura es un trámite relativamente directo (se debate, se vota y punto). Pero si Rospigliosi insiste en que “lo correcto” es vacancia, entonces mete el debate en otro carril: más complejo, más político y con más espacio para maniobras.
Y lo de la cuestión previa sería exactamente el arma para eso: no discutes el fondo (“¿Jerí debe irse?”), sino la forma (“¿esto procede como censura o debe ir como vacancia?”). Resultado: se gana tiempo y se enfría el impulso.
Lo interesante es que Rospigliosi, al decir que corresponde vacancia porque los hechos ocurrieron siendo presidente, está mandando un mensaje doble:
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Legalista: “no es el mecanismo correcto”.
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Político: “no me subo al carro de esta censura tal como está planteada”.
Y claro, si se instala esa idea en el Pleno, algunos congresistas que quieren tumbarlo pero no quieren cargar con el costo podrían decir:
“yo no lo defiendo, pero voto por la cuestión previa porque esto está mal planteado”.
Eso es oro para Jerí.
Al final, el debate va a girar más sobre procedimiento que sobre responsabilidad política. Y si eso pasa, Jerí ya ganó medio partido, porque en el Congreso el tiempo es poder.
Este texto ya pinta clarísimo el escenario: Jerí está colgado de un solo clavo y ese clavo se llama Keiko.
Y lo más grave para él no es solo la censura, sino el relato político que se está armando:
1) Keiko lo sostiene, pero eso lo intoxica
El apoyo de Fuerza Popular (20 votos) ayuda numéricamente, pero lo deja marcado como un presidente “naranja”. Y el término que le mete Renovación (“FUJI JERISMO”) es un golpe comunicacional bien pensado: fácil de repetir, pegajoso, y lo encierra en una etiqueta.
2) La censura se volvió campaña electoral adelantada
López Aliaga, Acuña, Luna y Roberto Sánchez no están actuando solo como líderes parlamentarios: están actuando como candidatos.
Cada uno está usando la censura para decir:
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“yo sí tengo carácter”
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“yo sí saco a los incapaces”
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“yo sí pongo orden”
Es marketing político con votos.
3) APP es el bloque bisagra… pero también el más inestable
Lo que dice Acuña (“te habla el presidente del partido”) es casi una confesión de que hay bancada rebelde o por lo menos gente negociando. Y si encima aparece el rumor de Richard Acuña operando abstenciones, eso suena a APP clásico: públicamente firme, internamente transaccional.
4) El rol de Rospigliosi es clave: puede salvarlo sin “defenderlo”
La parte más peligrosa para la censura es esa tesis:
“No corresponde censura, corresponde vacancia”.
Eso abre la puerta perfecta a una cuestión previa y con eso pueden:
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dilatar,
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devolver el trámite a comisión,
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o entrampárselos por procedimiento.
